“Regresaremos y seremos millones”: 24 días del plantón de la CNTE en Ciudad de México (2025)

Por Victoria Guerrero

CIUDAD DE MÉXICO, 28MAYO2025. FOTO: GRACIELA LÓPEZ/CUARTOSCURO.COM
16–24 minutos

Miércoles 04 de junio, 6:15 pm, Ciudad de México.

Día 21 del plantón.  

Los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) cumplían más de 20 días instalados en un enorme campamento que cubría la plancha del Zócalo y sus alrededores. Entre ambulantes, transeúntes con aspecto de burócratas, jóvenes bien peinados, extranjeros curiosos y algunos indigentes, se estructuraron cientos de metros cuadrados de enormes lonas de plástico sujetadas por palos de madera que se sostenían (contra toda ley de la física) de algún diminuto clavo puesto en el pavimento o bien, de coladeras, postes de luz o señalamientos de tránsito. Dentro de las lonas que simulaban ser techos, había casas de campaña de colores y tamaños diversos, algunas cubiertas por otros plásticos, otras con pisos de cartón y las más sencillas se sentían casi inhabitables por sus escasas dimensiones. 

La plaza del Zócalo pasó de ser una superficie vacua y gris a convertirse en un terreno laberíntico con colores plásticos y ramas de mecates. Caminar  implicaba esquivar aquellas cuerdas que podían enredarse en los pies o la cabeza.  Pero aunque el campamento tenía la apariencia de ser una enorme maraña, la realidad es que internamente existía una organización clara en la cual los maestros se identifican por estado de la república, región y zona escolar. Dentro del laberinto, había orden. 

Desde el 15 de mayo, la CNTE llegó a la Ciudad de México con una demanda central clara: la abrogación de la Ley del ISSSTE del 2007. Durante la campaña presidencial de Claudia Sheinbaum, la entonces candidata prometió que de llegar al poder, echaría para atrás dicha ley que perjudica el sistema de pensiones de los maestros. Siete meses después de que Claudia Sheinbaum ganara la presidencia de México, los profesores de la Coordinadora llegaron a la capital del país para exigir el cumplimiento de aquello que se les prometió. 

La respuesta por parte de la mandataria es que “si bien es cierto que nosotros tampoco estamos de acuerdo con la reforma del 2007 que hizo Calderón, regresar a una situación previa a la del 2007, en este momento, representa una carga a las finanzas públicas que no puede atender el Estado Mexicano, pondríamos en problemas a los recursos públicos”.

Ante la respuesta presidencial y a pesar de que el gobierno federal ha ofrecido mesas de diálogo para llegar a nuevos acuerdos con los maestros pertenecientes a la CNTE, la organización sostiene que seguirá luchando por la derogación de dicha ley.

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Entre la oscuridad que empezaba a ganar terreno y las primeras luces de lámparas portátiles que colgaban de algún ganchito, me adentré a una agrupación de casas de campaña integradas por profesores de la región de los Valles Centrales en Oaxaca. 

Ahí conocí a la maestra Olga Marín, quien es originaria de San Juan Colorado, municipio perteneciente a la región Costa. Su padre había sido maestro y fue la persona que la animó a dedicarse a la labor docente. Antes de irse de su municipio natal para poder estudiar, la familia de Olga le pidió compromiso en su proceso de formación: no más fiestas en el pueblo, había una responsabilidad por cumplir. 

En 1992, a los 19 años, comenzó a dar clases en preescolar a niños de entre tres y cinco años y posteriormente estudió en la Universidad Pedagógica Nacional ubicada en la capital del estado. Olga habla mixteco y español, por lo que fue elegida para ser una de las maestras que integraría el nivel de educación indígena. 

Me explicó que dentro del magisterio de la sección 22 de Oaxaca, los profesores están divididos en el sistema de educación formal y el sistema de educación indígena. Este último se caracteriza por tener a profesores que dominan una lengua originaria y además tienen como encomienda dar clases en los municipios rurales más alejados. Hasta no hace muchos años, había comunidades que no contaban con transporte público y los maestros tenían que caminar entre veredas para poder llegar a sus escuelas.

La maestra recuerda que el primer grupo en el que dio clases, la cosa no fue nada sencilla: los niños de la comunidad no hablaban español y su lengua materna era exclusivamente el zapoteco. A principios de los noventas, para poder llegar a aquella escuela que le habían asignado, tenía que tomar un autobús desde la capital para viajar durante seis horas y llegar al municipio de San Pedro Quiatoni, Tlacolula, en la región de Valles Centrales. Cuando llegaba, tenía que pasar la noche en ese municipio y a las dos de la madrugada del día siguiente, debía emprender a pie el resto del camino que le tomaba siete horas y tras caminar 15.6 km (acompañada de un topil) entre la vegetación, llegaba a dar clases al preescolar de la agencia de San Pablo Lachiriega. 

–-Yo llegué a una comunidad donde hablaban zapoteco, tuve que aprenderme las palabras claves para poder comunicarme con mis niños porque ellos no entendían el español y yo hablaba el mixteco. Entonces tuve que escuchar mucho las conversaciones y preguntar cómo se decían las cosas y así poco a poco, te van quedando las palabras que más usan comúnmente los niños. 

¿Cómo dar clases a niños que no entienden tu idioma?, ¿cómo sin entender  el suyo? y sobre todo ¿Por qué mandaron a Olga a dar clases a un lugar en el que no podría comunicarse?

—Ese siempre ha sido el dilema de nosotros como maestros de educación indígena, que nunca nos dejan en nuestra área lingüística. El área lingüística es muy importante porque es la lengua materna de los niños, es la primera lengua con la que se comunican en familia, con mamá, con papá, con todos. Anteriormente se peleaba mucho eso: ¿por qué no nos ubicaban en nuestras áreas lingüísticas? Y pues hay muchas cuestiones políticas porque te dicen:  «eres nuevo, tienes que hacer tus méritos, tienes que irte, tienes que hacer lo otro, cumplir con lo que otros también ya pasaron.» Entonces, la ley era que tenía que cumplir tres años en Valles Centrales para que yo pudiera pelear y regresar a mi región.

A más de veinte días de negociación con el gobierno federal, sin ningún acuerdo favorable para los maestros y tras las declaraciones de la Presidenta, el campamento se mantenía. Ni el sol, ni las lluvias que inundaron diversas zonas y vialidades de la Ciudad de México, ni las críticas por parte de medios de comunicación o los reclamos de los habitantes de la capital mexicana, fueron suficientes para que los maestros abandonaran su causa.

—Yo, de manera personal, a veces me pongo a pensar que al final de cuentas el derogar algo no es simplemente responsabilidad de ella [Claudia Sheinbaum], porque también tiene a todas las personas con las que tiene que platicar. Así como nosotros cuando determinamos una cuestión, consultamos, platicamos, levantamos nuestros acuerdos y todo. Entonces, yo quiero pensar que ella sola no puede determinar muchas cosas.

La ley del ISSSTE del 2007 generó, en el caso particular de Olga,  no poder jubilarse por años de servicio. A pesar de sus treinta y un años como trabajadora, ella deberá de laborar durante cinco años más para poder cumplir la edad mínima de jubilación que se le exige (56 años en su caso), ya que la edad para el retiro puede variar dependiendo del año en que el docente empezó a cotizar.

Ser maestra de preescolar a los 51 años no es lo mismo que cuando inició a los 19 y el cuerpo aguantaba caminar kilómetros de terracería y cuidar a decenas de niños. 

—Todos los que ya se fueron, los que ya se jubilaron, incluso los que ya no están, nos enseñaron que solamente luchando podemos lograr las cosas. Yo veo personas que se molestan, que te gritan palabras y tienen razón porque es incómodo. ¿Afectamos a las personas? Sí.  Yo de manera personal sí lo reconozco, es incómodo para las personas que viven aquí, no poder transitar libremente un espacio que ellos tienen. Pero también si no hacemos las cosas así, no nos las van a dar. Entonces yo tengo que venir, me tengo que tirar aquí al al piso. Porque son cuestiones sociales que yo aprendí: que solamente así me lo van a dar.

La noche ya cubría completamente el laberíntico Zócalo. En algunos agrupamientos de casas de campaña se habían instalado de forma improvisada cocinas al aire libre, cazuelas puestas en anafres, pocillos llenos de agua y casi en el centro de la plaza pública, un grupo de profesores del estado de Guerrero se organizaron para preparar alguna cena hecha con tortillas, chiles verdes y miltomates. 

A un lado de la cocina, dentro de una caseta de lona blanca, una bocina no dejaba de invitar a que los profesores se acercaran para convivir al son de la guitarra y voz de un artista que hacía su presentación. Mientras el público (conformado por apenas una decena de maestros) aplaudía, se reía y filmaba al artista, el cancionero de aspecto jóven y citadino, animaba la causa de los profesores con una letra que decía: 

Corre más droga en el barrio,

más violencia en la nación,

para sufrir no hay horarios.

Entre miedo y corrupción,

se le pudrió el corazón.

***

Jueves 05 de junio, 9:00 am, Ciudad de México.

Día 22 del plantón.

—-¡Ya váyanse de aquí! ¡Pinches flojos! ¡Lárguense!—gritó con rabia una señora que caminaba sobre la calle Pino Suárez a la altura del Zócalo. Rondaba los sesenta años, vestía pantalón café, blusa de diseño animal print, zapatos bajos y cabello esponjado con tonalidades artificiales café y rubio. La mujer tenía aspecto de chilanga y probablemente caminaba en dirección a su trabajo. Me dió la impresión de que podría ser una burócrata que laboraba en alguna de las tantas instituciones públicas que hay en la zona.

La bulla por parte de los profesores no se hizo esperar. Gritos, chiflidos y alguna que otra mentada de madre se escucharon por unos segundos. La señora respondió con gestos pero no dejó de caminar y rápidamente desapareció.  Algunos profesores movían la cabeza a modo de desaprobación y otros más cotorreaban sobre la situación mientras reían un poco.

Me acerqué a un grupo de cuatro maestros que habían respondido a los señalamientos de la señora. Sentados sobre maletas y bultos, cubriéndose del mañanero sol con un delgado plástico verde acuoso, pregunté a los profesores si podía entrevistarlos. Les conté que era estudiante de la UNAM y que tenía la intención de escribir una crónica para retratar las condiciones que tenían que sobrellevar los maestros que se encontraban en el plantón. También dije que con suerte, el texto podría ser publicado en algún espacio de periodismo independiente. 

Los cuatro maestros me miraron en silencio. No me dijeron sí pero tampoco me dijeron no. Entre ellos comenzaron a “echarse ojos”, a comunicarse silenciosamente. Noté su desconfianza. Uno de ellos habló muy bajo, de manera que sólo los otros tres pudieran escucharlo. Intercambiaron sonidos que no entendí.  El que habló me volvió a ver, me sentí analizada por sus agotados ojos y tras unos segundos me dijo: “solo si nos muestras tu credencial de que eres estudiante de la UNAM” 

Saqué la credencial, el maestro la tomó, vió la foto, se viró hacia mí como para asegurarse de que verdaderamente fuera la misma persona y finalmente me sonrió un poco. Aceptó la entrevista. 

—Somos del estado de Chiapas, venimos de la Sierra Norte, Tila, pero trabajamos en la zona Sabanilla. Allá donde trabajamos son comunidades. Una comunidad pues no es igual que una ciudad. Nosotros tenemos que caminar en veredas, pasar ríos, montañas y las comunidades son una zona marginada…. Estamos aquí en el plantón porque hay muchas cosas que nada más están pintadas en otra dimensión. Nada más son textos, pero en realidad todos los que aprueban las reformas pues nunca han visitado las comunidades ni las escuelas de allá de Chiapas. 

La comunidad de Sabanilla, en la que dan clases los profesores, está ubicada a seis horas en autobús de la capital chiapaneca (Tuxtla Gutiérrez) y dijeron que para poder llegar al platón de la Ciudad de México, tuvieron que viajar durante dieciséis horas. Llevaban ocho días y podrían quedarse más.  

Tras los reclamos de la señora de aspecto burocrático y la respuesta del grupo de profesores chiapanecos, quise saber más sobre su opinión. Aunque la respuesta fue corta (quizás demasiado) el contenido era contundente. 

—Pues no sabe lo que está diciendo. Ella vive acá, no sabe las condiciones que nosotros vivimos allá.

De manera repentina, una mujer de pelo corto y vestida con pants se acercó con una bolsa de papel estraza con pan dulce. Dijo: “profes, agarren uno”. Los maestros chiapanecos nuevamente mostraron su desconfianza. No dijeron sí pero tampoco dijeron no. La maestra reaccionó rápidamente y volvió a hablar: “soy maestra, de la sección 9. No están envenenados ni nada, agarren”, dijo a modo de broma. Los cuatro profesores bajaron la guardia y tomaron la oferta. La maestra me ofreció uno y siguió su camino repartiendo pan.

Tratando de encontrar entre los maestros otras opiniones sobre los reclamos de la ciudadanía, platiqué con el profesor  Rodrigo Velázquez originario del municipio de Marquelia, Guerrero y ex estudiante de la Normal de Ayotzinapa, quien me dijo: 

—Invitarlos a que antes de emitir un juicio o suponer situaciones, hay que contextualizar e investigar porque son muchas situaciones que se viven en el país, de las cuales fácilmente detrás de una pantalla podemos emitir un juicio sin conocer el contexto. Nosotros no tendríamos ninguna necesidad de estar aquí si esto que prometió la Presidenta fuese desarrollándose en la mesa de diálogo… y es ahí donde se hace la exigencia de que nos volteen a ver porque lo prometieron, no es algo que haya salido de capricho de nosotros. Entonces antes de decir: “¿por qué están aquí?” o “no quieren trabajar”, es invitarlos [a investigar] porque si hubiera cumplimiento de eso, no estuviéramos aquí. Para nosotros es más cómodo estar trabajando en las escuelas, créame. Gastamos más estando aquí, pero no hay otra forma para hacernos notar que protestando. 

¿Qué sabemos los citadinos sobre las formas de vida y trabajo de las comunidades más lejanas de este país? 

***

Sábado 07 de junio, 8:30 am, Ciudad de México. 

Día 24 del plantón-se levanta la huelga.

Más de la mitad del Zócalo capitalino había amanecido nuevamente vacío y gris. Después de 23 días, el plantón se estaba levantando y los líderes de las diversas secciones de la CNTE se preparaban para dar un último mensaje a la nación. Tras días de cierres en  avenidas principales, un bloqueo al Aeropuerto Internacional Benito Juárez, la agresión a un periodista, tomas de edificios públicos como el de la Secretaría de Educación Pública y disturbios por parte de algunos profesores en las sedes de la SNTE y la Torre BIENESTAR, los maestros decidieron “acordar un receso de la huelga y el plantón nacional con el objetivo de fortalecer nuestra organización”.

Aquel laberinto de lonas plásticas y mecates, había desaparecido pero no en su totalidad porque aún quedaban algunas casas de campaña con huéspedes. Mientras algunos maestros se lavaban los dientes y escupían en el piso o cerca de las coladeras, otros empezaban a desarmar sus campamentos, a empacar  sus pertenencias en maletas o bolsas y algunos más se encontraban simplemente haciendo guardia bajo los crecientes rayos del sol a la espera de emprender la partida.  

Frente al templete que se ubicaba a los pies de Palacio Nacional, un hombre en zancos, vestido de calaca y con pasamontañas al estilo zapatista, se identificó como profesor de educación física en una escuela de la Ciudad de México. Mientras se hacían pruebas de sonido con bocinas y micrófonos que parecían resonar en toda la plancha del Zócalo, el maestro en zancos ondeaba una bandera blanca con letras rojas que tenía las insignias: EZLN, CNTE y AYOTZINAPA. La misma bandera tenía algunos dibujos como un mapa de México; una Mafalda con el rostro cubierto por un pañuelo rojo diciendo: “YA BASTA!” y una bandera tricolor de franjas negro, blanco, verde y un triángulo rojo: LIBRE PALESTINA. 

Entre los megáfonos se intercalaba el sonido del “uno, dos, tres, probando, probando». ¿Me escuchan?” y una canción de ritmo norteño que decía:

Hoy hasta los sesenta te puedes jubilar,

enfermos y cansados los maestros no dan más

y cuando estén retirados, tu salud no cubrirá.

Hoy estoy en pie de lucha y solo les pido perdón

a los padres y alumnos  que perjudico con mi dolor.

Escucha pueblo, escucha, cómo llora el profesor.

No podrán unos cuantos contra toda la nación.

Muy cerca del templete, me acerqué a una lona azul que tenía parcialmente recogidas las pertenencias de los que hasta ese día acampaban. Ahí conocí al profesor Javier de Jesús quien rápidamente accedió a responder las preguntas de mi entrevista. 

Me dijo ser oriundo de la Costa Chica, Guerrero, específicamente del municipio de San Luis Acatlán y con orgullo remató diciendo: “tierra de Genaro Vázquez Rojas”. 

A más de medio siglo de la muerte del guerrillero y líder magisterial, Genaro Vázquez Rojas, el maestro Javier de Jesús parecía reivindicar con satisfacción el nombre de aquel revolucionario de los años 70´s nacido en su misma tierra.  

Con otra declaración de enorgullecimiento, el profesor me dijo que “con honor podía decir que estudió en la Escuela Normal Modelo de Formación Guerrero 2000”, en el municipio de Ayutla. Sin embargo, tras dos generaciones, la Normal fue orillada a cerrar. Javier de Jesús perteneció a la segunda y última generación de aquella institución. Ante la pregunta de por qué la escuela cerró, contestó:

—El gobierno, el gobierno [la cerró] por la cuestión económica, supuestamente, entre comillas, vamos a decirlo así. Nosotros fuimos producto  de la gente de escasos recursos económicos. Yo vengo de familia de escasos recursos y solamente eran seleccionados los mejores estudiantes, entre ellos pues yo me pude colar y pude ingresar a esa Normal.

Durante quince días seguidos, el profesor guerrerense participó en las manifestaciones y en el plantón. Quince días de los veinticuatro, bajo el sol, bajo la lluvia, buscando dónde ir al baño, qué comer, cómo no enfermarse, contando los pesos para que los gastos salieran. 

—Es difícil estar aquí, es difícil. La lucha se sufre. Para hacer sus necesidades hay que buscar o hay que ir a los baños públicos que están aquí. Pero se tiene que aguantar uno muchas cosas. Bañarse solo una vez al día o una vez en tres días. Tenemos que pagar 40 pesos y para ir a hacer sus necesidades son 10 pesos y aparte la comida. [Uno come] lo que encuentra aquí en el servicio que dan las las personas, pero pues también uno está pensando en que te vaya a hacer daño en la panza. Me estuve cuidando psicológicamente para que no me enfermara porque eso también es psicológico.

El último mensaje que darían aquella tarde los líderes magisteriales, estaba a punto de empezar. La gente comenzaba a aglutinarse debajo del templete. Algunos maestros se repartían frutas y comían a la espera del comunicado. Otros se posicionaban con paraguas y carteles que plasmaban sus demandas. Algunas camionetas y coches se encontraban estacionadas en el centro del Zócalo mientras los profesores las cargaban con sus pertenencias. 

El maestro en zancos no dejaba de ondear la bandera y pedía paciencia al público. El enorme equipo de sonido que retumbaba en lo más profundo de mis tímpanos, repetía una y otra vez un audio en el que se escuchaba la voz de la presidenta Claudia Sheinbaum (cuando fue candidata presidencial) diciendo que echaría para atrás la Ley del ISSSTE del 2007 e inmediatamente después de tal declaración, comenzaba a sonar la popular canción “La Farsante” de Juan Gabriel.

Yo creí que eras buena, 

yo creí que eras sincera, 

yo te di mi cariño, 

resultaste traicionera. 

Tú me hiciste rebelde, 

tú me hiciste tu enemigo, 

porque me traicionaste,

 sin razón y sin motivo. 

Durante la conversación con el profesor Javier de Jesus, este me dio su postura sobre la respuesta que la Presidenta Sheinmbaum dio durante los días de huelga.

—Si no luchas, no logras nada. Presionamos y ve los resultados: no hay. Entonces, volveremos, volveremos a llegar de nuevo y yo creo que con una nueva estrategia… En estas elecciones para  el gobierno federal, el ejecutivo, yo con mi voto apoyé a la doctora Claudia. Y sí da coraje, da coraje cuando te dicen: “Vamos a apoyar, vamos a hacer todo lo posible». Pero ya cuando están en el poder es otra cosa. Ya no es lo que uno ve. Te lo pintan bonito pero no, ya no.  Entonces, ese es el coraje de la gente que está aquí: que nos engañó y que hoy no quiere dar la cara para decirnos qué podemos hacer.

Finalmente, tras veinticuatro  días en el corazón del país, entre apoyo ciudadano, reclamos, marchas, opiniones de medios, gritos, mesas de diálogo, actos violentos, actos pacíficos y acuerdos no logrados,  a las 11:27 de la mañana, la CNTE emitió un comunicado oficial en el que anunciaban un receso de la huelga y también hacían señalamientos en contra de las respuestas que obtuvieron durante los días del plantón. 

En el comunicado dijeron haber sido objeto de campañas mediáticas por parte del gobierno y de los grupos empresariales de la oligarquía; que la frase “primero los pobres” era mera demagogia y que el argumento de que no había suficientes recursos económicos para poder derogar la Ley del ISSSTE del 2007 demostraba “el jugoso negocio que representa la administración de los recursos de los trabajadores para los dueños de las AFORES… Claudia Sheinbaum no quiere afectar los intereses de la clase oligárquica, históricamente beneficiada e intocable en este país”. Manifestaron que se mantendrían en la lucha y citando al independentista peruano Túpac Amaru, escribieron: “regresaremos y seremos millones”.

Victoria Guerrero Cruz

Periodista egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Ha colaborado en el colectivo Ojos de Perro vs la Impunidad y actualmente se desempeña como reportera en la Cooperativa de Periodismo, espacio dedicado a la cobertura de desalojos, despojos y conflictos de vivienda en la Ciudad de México. Entre sus temas de interés se encuentran el advenimiento de la extrema derecha en América Latina y los movimientos sociales en la región.

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